El día 22 LA NUEVA ESPAÑA (información local, página 4) publicó una alarmante noticia con la firma de Ángeles Solís y un título dramático: “La cofradía de la Balesquida prepara un cabildo para evitar su extinción”. Es decir, una cofradía bajomedieval, la más antigua de España, que sobrevive y da carácter as la ciudad de Oviedo a lo largo de casi 800 años, sin solución de continuidad, puede morir de atonía, silencio y olvido cualquier día del año 2005.
Es una triste evidencia que para la gran mayoría de los 211.000 ovetenses que poblamos este concejo, la noticia y el presagio carecen de trascendencia. Pero para quienes Oviedo no es un simple lugar de paso, ni una mera ubicación del puesto de trabajo, ni una socorrida <<solución habitacional>>, sino que, al contrario, supone el escenario de nuestra vida, el territorio de nuestras emociones, el lugar de convivencia con familiares, amigos y vecinos, para esos escasos (y escogidos) ovetenses la noticia es un mazazo. Es perder la referencia. Y, al perderla, perderse bastante uno mismo.
Imaginemos que lo temido ya sucedió. ¿Qué va a cambiar? Aparentemente, nada. Se seguirá celebrando el Martes del Bollu (de Campo, le dicen) y los jóvenes y los no tanto se pasarán unos un buen día de fiesta y otros aprovecharán el idolatrado puente… Pero, si la cofradía ya desapareció, esa fiesta será una mera anécdota, simple pintoresquismo, cartel para turistas, cinco minutos de telediario autonómico. Cartón y tramoya en lugar de las piedras de la verdadera tradición.
Si la cofradía desaparece, habrá desaparecido una institución dotada de personalidad jurídica que protagonizó una tradición multisecular. Se habrá esfumado la asociación eclesiástica más antigua de Oviedo (después del cabildo catedralicio, el convento de las religiosas <<pelayas>> y las primeras cinco parroquias). Ser habrá ido el último resto vivo de la Edad Media y sus gremios. Se habrá desvanecido el latido más genuino de la vieja ciudad, a caballo de la piedad y el costumbrismo… Si la cofradía desaparece, habrá muerto Oviedo y habrá nacido definitivamente Ciudad Astur: una <<cosmopolis>> administrativa y comercial, <<fotocopia>> de Alicante, Cincinnati o Malmoe.
Pero no. No puede ser eso. Los cofrades estamos convocados a un cabildo de la cofradía el 4 de mayo. Y tenemos que acudir. Con la sobrecarga dramática de coger esa antorcha (ahora <<pábilo vacilante>>) y transmitirla a la siguiente generación de cofrades. Como se hizo siempre desde tiempo del santo rey Fernando III. Y al amparo de la Virgen de la Esperanza. Y en defensa de la fe cristiana. Y para que Oviedo siga siendo Oviedo… Amén.
Froilán Neira Estrada es cofrade de la Balesquida
<<La Nueva España>>, 23-04-2005


