Cada Martes de Pentecostés, que en Oviedo se celebra con la tradicional fiesta que organiza la Cofradía de la Balesquida, se está divulgando como «Martes de campo», así en genérico, como si los vecinos de Oviedo festejasen este martes invadiendo las praderas verdes más o menos cercanas a la ciudad, cuando en realidad lo que se conmemora es la entrega del bollo y el vino en el Campo de San Francisco. Lugar definido y propio de la ciudad, que, incluso olvidando su característica de parque, sigue conociéndose por los del «Oviedín de toda la vida» como el Campo.
En tiempo remoto, el ahora Campo de San Francisco era simplemente el Campo: una propiedad del Cabildo catedralicio, dueño de la mayor parte del terreno que rodeaba una ciudad que crecía fuera de las murallas levantadas sucesivamente por los reyes de Oviedo Alfonso II el Casto y Alfonso III el Magno, o la última, del siglo XIII, de la que aún quedan algunos lienzos de sus recios muros. Hacia el siglo XII llegaron a Oviedo unos frailes mendicantes dispuestos a extender la orden seráfica de San Francisco, que gracias a la benignidad de los canónigos ovetenses, que les cedieron el terreno, levantaron un modesto convento en una parte de esta pradería y bosque. Por razones de arraigo popular, el nombre pasó a ser Campo de San Francisco, lo mismo que al antiguo sendero conocido como «camino del Campo» sería «del Campo de San Francisco» y, con posterioridad, ya urbanizada, denominada como calle del mismo santo.
La antigua capilla de la Magdalena del Campo de la Escandalera, desaparecida de manera física en 1830, que había sido primer lugar de reunión «a conceyu abiertu» de los representantes de las parroquias rurales de la ciudad de Oviedo, pasó a ser conocida, tal como consta en los viejos documentos municipales, como capilla de la Magdalena del Campo de San Francisco; y lo mismo la carrera que llegaba hasta la fuente de las Dueñas, que comprendía la actual calle de Pelayo y su prolongación Palacio Valdés. Fuente situada casi en el centro de la extensa juguería, propia del Cabildo catedral, como lo eran también las propiedades inmediatas del Fresnín o Las Cruces, éstas en un entorno a la actual calle de San Bernabé y que llegaban hasta la actual calle de Uría. Por cierto, el anterior nombre de las Dueñas lo es en referencia a las distinguidas monjas del monasterio de San Pelayo, que también tenían modestas propiedades en esta zona.
Cuando en el siglo XVIII la tradicional procesión del Martes de Pentecostés que organizaba la cofradía de los sastres dejó de acudir a la capilla de Santa Anina de Mexide, en Vega, y cambió de lugar por el más cercano del Campo, llamado ya de San Francisco, aparece este acto festivo en el calendario local ovetense como el «Martes del Campo de San Francisco».
Ahora, acaso por indolencia en consultar las fuentes, se suele quitar el nombre del candoroso San Francisco, para divulgar el de «campo» y, además, en genérico, sin la distinción que proporciona ser el nombre propio y único de Campo de San Francisco, que para los ovetenses hasta ha superado la condición de parque por el más familiar de Campo. Dado el enorme poder que tienen los medios de comunicación, y como repiten con insistencia el nombre de «Martes de campo», se propicia el equívoco, olvidando que es una fiesta propia de este espacio de Oviedo, verdadero pulmón de la ciudad; error que es fácil de asimilar, en especial por las nuevas generaciones de ovetenses, a las que la insistencia en el error les confunde.
Esta llamada no pretende más que advertir que el cambio de denominación de la fiesta tiene un antecedente local. «La Cuesta», como antaño se llamó al Naranco, nombre que apenas si se utiliza ahora, aunque siga presente en la memoria de algunos nostálgicos, de los que subíamos sudorosos a la cumbre del monte totémico por el áspero «plano», vestigio del ferrocarril minero de las minas de hierro que explotaba Fábrica de Mieres. Afortunadamente, no parece que nuestro Campo vaya a seguir el mismo camino del olvido.
Ernesto Conde.
«La Nueva España» 02-06-2009


